historia taxi

Ya dicen eso de que la música une, y la historia que te vamos a contar a continuación es una clara muestra de ello. A veces no sabemos lo que nos puede traer una situación. O incluso si algo tan cotidiano como montar en transporte público puede suponer un cambio en nuestra vida.

Algo así le ocurre al protagonista de nuestra historia. Mario sale de casa como cada día para dirigirse al trabajo, pero por causas ajenas a su voluntad ese día el tiempo iba en su contra. Ya sabía que trasnochar entre semana no era un buen hábito, sin embargo, no podía evitar dejarse llevar por esas largas tardes junto a Marta, y otros amigos para charlar, tomar algo y comentar la jornada.

Mario tuvo que coger un taxi

Pero dejando de lado sus pensamientos, volvió a la realidad y se dio cuenta de que tendría que coger un taxi si quería llegar a tiempo a su lugar de trabajo. De hecho, el próximo autobús tardaría aún 15 minutos en llegar y el trabajo no quedaba tan cerca como para llegar caminando en un tiempo razonable.

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Aunque su presupuesto semanal no era muy extenso, aquel día no le quedó más remedio que pedir un taxi. Con paso firme se dirigió hacia la parada de taxi más cerca que, como siempre, estaba llena de flamantes coches dispuestos a ofrecerle el servicio que necesitaba.

Se dirigió al primer vehículo de la fila, para no saltarse el protocolo y sin mirar siquiera quién conducía se introdujo por la puerta trasera. A esas horas no iba muy despierto, pero la música que escuchó nada más entrar en el taxi le supuso un subidón de adrenalina. No solo por el volumen al que sonaba, sino sobre todo porque eran los acordes de guitarra de su grupo favorito. Brian Johnson dejaba fluir su chorro de voz con gran estruendo. La genuina música de AC/DC inundaba el habitáculo.

Al final del trayecto parecía que eran amigos de toda la vida

Entonces un repentino interés hacia el conductor del vehículo le asaltó. En ese momento el conductor, un chico de mediana edad se giró para decirle “si le molesta la música, puedo bajarla”. Como por inercia le respondió con una negativa y una sonrisa. Por contradictorio que parezca ese ambiente del taxi le agradaba.

A los pocos metros se animó a entablar una conversación con el conductor. Aunque no era persona de grandes discursos, esa mañana el chico menudo que conducía, no falto de prudencia, le cayó simpático. Sin saber muy bien como acabaron hablando de gustos, preferencias musicales, costumbres y todo fluyó con mucha naturalidad.

Al final del trayecto parecía que eran amigos de toda la vida. Como las amistades son algo que escasean, Mario no dudó en pedirle el teléfono y concretar con él alguna quedada para seguir compartiendo gustos y cervezas.

Abandonó el taxi satisfecho por haber conseguido llegar a tiempo a su trabajo. Pero realmente sintió que esa mañana había entablado una bonita amistad con un desconocido, que con el paso del tiempo se acabó consolidando en una longeva relación de amistad que aún hoy conserva. De hecho, desde ese día comparten todos los conciertos de música rock que pueden y tienen a su alcance. Nunca sabes lo que te depara el destino.